sábado, 19 de diciembre de 2020

Estancia en Balama

El año pasado, el 20 de Diciembre de 2019, en la Capilla Episcopal de la Diócesis de Pemba, durante la celebración de la Eucaristía, Estrella se consagró como Virgen Consagrada. Estos días ha recibido el acta de un hecho tan importante y significativo que da cuenta de cómo ha querido entregar su vida sólo a Dios y al prójimo, en el rostro del pobre y del que sufre. Desde aquí la felicitamos.

También queremos hacerles saber que esta semana ha estado en Balama:

 

 (Foto de World Guides)

 

Ha estado recorriendo los lugares y buscando gente con lepra a los que llevar tratamiento. Ha encontrado nuevos casos de lepra, uno de ellos es la chica de la foto, llamada Fania. Esta chica tiene un estado avanzado de la lepra. Le calculan 16 años y puede que venga de la zona de Nampula junto a su hermana (que está detrás con una niña pequeña en brazos).





sábado, 12 de diciembre de 2020

Más noticias...

Más noticias sobre Estrella...

Estrella está bien, contenta. Ebrahimo, el chico del brazo que ella cura también está contento. Le quitaron el ortofix, le pusieron un yeso abierto por la zona de la herida que Estrella, un día sí y un día no, va para seguir curando, aunque no sabemos realmente si la herida terminará de evolucionar bien.

Les comentamos que Estrella fue a visitar y curar a los leprosos a una región justo el límite donde están ocurriendo las masacres de los terroristas, a Montepuez. Ponemos la imagen de Google Maps para situarnos geográficamente:

 


Allí vivió en primera persona, durante 15 días, cómo la gente llegaba huyendo de las barbaridades que cometían los terroristas. Pero la gente que llegaba allí quería ir todavía más lejos de Montepuez, mucho más lejos, como a Pemba u otros distritos más seguros. Así que Estrella pagó a cientos de personas transporte para que pudiesen alejarse más e ir a sitios más seguros. Alquiló camiones durante varios días, por unos 10.000 meticales (unos ciento y pico euros), los llenaba de gente que venía huyendo, y los enviaba a lugar seguro.

Ahora mismo se plantea su tarea desde aquella frase del profeta Isaías “consolad a mi pueblo, consolad”… y es lo que ahora intenta en esta situación de máximo dolor de estas víctimas que huyen de la tortura y de la muerte, y prácticamente sin nada.

Como Estrella no es tanto de “escribir” sino de “orar y vivir”, les estamos relatando “su vida en Mozambique” a través de lo que Manolo Ramírez nos cuenta, y a través de los testimonios de Eduardo, misionero también en Mozambique que vive en la zona de Estrella. De Eduardo les dejamos esta entrevista reciente, en el programa El Espejo, de la Cope, del 09 de diciembre.

Pulsa sobre la imagen para que puedas leer. Aunque si tienes paciencia para escuchar un minuto y medio de anuncios, también puedes clickar en el siguiente enlace y escuchar el AUDIO "Misionero en Mozambique: Para mí estar aquí no es una opción"

https://www.cope.es/programas/el-espejo/noticias/misionero-mozambique-para-estar-aqui-una-opcion-20201209_1037047

 

 


 

 

 



 


viernes, 4 de diciembre de 2020

Testimonio de un chico víctima de la guerra, atendido por Estrella

Este es un chico víctima de la violencia terrorista que azota el norte de Mozambique. Aquí vemos como Estrella está curando su mano después de haber sido intervenida quirúrgicamente en el hospital, y después de regresar a la zona donde vive Estrella ...


 ¿No te gustaría saber algo más de él?, ¿qué fue lo que ocurrió?, ¿por qué tiene la mano así?. Mejor le escuchas a él mismo explicándotelo para que te sigas haciendo una vaga idea de lo que está ocurriendo en el norte de Mozambique, donde está Estrella...


 

 

 

 

sábado, 28 de noviembre de 2020

Entrevista al misionero Eduardo Andrés Roca: "Abandonar la misión en Pemba sería abandonar a mi familia"

El 27 de noviembre, Obras Misionales Pontificias ha publicado una entrevista a Eduardo Andrés Roca, sacerdote vecino y amigo de Estrella en Pemba. Nos habla de cuando llegó a Pemba, de cómo se ha producido la radicalización del Islam, de su misión actual, y de la posibilidad real de ser víctima del terrorismo, porque no va a abandonar la misión...


OMPRESS-MOZAMBIQUE (27-11-20) Es lo que dice, desde Cabo Delgado, Mozambique, donde vive con su gente, con su comunidad, el misionero Eduardo Andrés Roca Oliver, un sacerdote de la diócesis de Zaragoza, misionero “Fidei donum” – literalmente por el don de la fe –. Nacido el 6 de julio de 1968 en Mequinenza, provincia de Zaragoza, se ordenó sacerdote en 1994 y partió a la misión en Angola, como sacerdote “Fidei donum”, apenas 5 años después. Allí en Malanje estuvo 10 años, hasta 2010, cuando se le encomendó una nueva misión en Mozambique. Su destino, la diócesis de Pemba, en Cabo Delgado, al norte de Mozambique. En esta entrevista habla de su misión.

-¿Qué se encontró al llegar como misionero a Mozambique?

Llegué a Pemba en 2012 como sacerdote diocesano “fidei donum”. Descubrí una realidad totalmente nueva, porque esta parte de la costa norte de Mozambique, en la provincia de Cabo Delgado, es mayoritariamente musulmana, el 90% de su población. Además, es de una tradición milenaria, porque es la primera islamización que de Arabia baja por el Índico y se extiende por toda la costa de África. Aquí, en esta zona, hay mezquitas que tienen mil años. La tradición musulmana africana que más se extendió desde los orígenes es la tradición sunita, pero con fuerte contenido sufí. Es decir, de una tradición que se puede considerar más espiritual, más tolerante, una tradición que busca más la presencia de Dios en la vida y que intenta que la vida esté en referencia constante con Dios. Esta tradición es la que influyó más en África, pero su difusión es también un poco compleja, porque en la realidad africana siguen teniendo mucha influencia las religiones naturales, el paganismo, y se trata de costumbres religiosas muy enraizadas. El Islam se mezcló entonces mucho con todas esas tradiciones, con la hechicería, con costumbres de religiones naturalistas, y provocó una realidad que es muy propia de aquí. Se trataba de un Islam tolerante, un Islam sufí, un Islam que incluso acogió a los cristianos y les ayudó a construir las iglesias a los primeros cristianos que llegaron aquí, al norte, como cuentan sus testimonios.

-Pero hace unos años este Islam se radicalizó, ¿qué sucedió?

Desde hace 15 a 20 años empezó a hacerse sentir aquí una escuela musulmana, que se ha ido extendiendo por toda África, y que tiene una fuerte influencia del Islam “wahabí”, esta tradición nueva en Arabia Saudita, que recupera el salafismo y que entiende el Corán de una manera fundamentalista y tiende a radicalizar las costumbres, los hábitos de comportamiento de las comunidades musulmanas. Es una tradición que defiende el uso del “nicab”, del rostro cubierto y la sumisión de la mujer. Es el radicalismo como lo conocemos ya en Occidente, que se alimenta del odio: a Occidente, a lo que no es musulmán de su tradición, y a lo cristiano, lo judío, o de otras religiones, paganismo o ateísmo… Todo eso es ‒como dicen ellos‒ “haram”, que quiere decir prohibido; el movimiento terrorista Boko Haram quiere decir precisamente “libro prohibido”. Lo “haram”, lo prohibido, es lo que atenta contra este Islam que ellos consideran el único válido, que se tiene que imponer a todos. Esta escuela musulmana, por llamarla de alguna manera, se va extendiendo; envían a muchos imanes a adoctrinar en zonas de mayoría musulmana especialmente vulnerables. En esta zona de Mozambique, esto ha sido así en los últimos 20 años; parece que en Tanzania, Kenia, Somalia, y más al norte, donde funciona el movimiento llamado “al sabbath”, otro movimiento yihadista, la presencia wahabí es bastante anterior.

-¿Cree usted que el extremismo encuentra en la pobreza un caldo de cultivo para sus fines?

Por supuesto, el Islam más radical penetra en zonas donde la pobreza y la miseria son profundas con mucha más facilidad, la realidad que están viviendo aquí los africanos permite entender a estos grupos. Es una zona, la frontera con Tanzania, donde hay una de las mayores bolsas de gas del mundo. Es una inversión de las multinacionales de muchos millones de dólares y todo esto que están trayendo aquí las grandes empresas, está provocando movimientos de desarrollo que son importantes, pero que no llegan al ciudadano de a pie, no llegan a las familias en las aldeas, que sufren mucho porque es muy poco lo que les llega. Han sido de algún modo apartados, no han sido integrados como sería de esperar en este movimiento de desarrollo. Entonces, este Islam ‒que predica que lo que viene de Occidente no es bueno, está prohibido‒, unido a la pobreza y a la miseria que el pueblo vive, hace que muchísimos jóvenes, más de mil jóvenes en mi parroquia, se hayan unido a los grupos terroristas.

-¿Cómo es ahora su misión?

Yo estoy en una parroquia de la periferia de Pemba, que es una ciudad pequeña, capital de la provincia de Cabo Delgado, en el norte de Mozambique. La capital y la provincia en general están creciendo mucho. En la periferia se encuentran los barrios de Mahate y Muxara, junto con Paquitequete, son los que concentran población musulmana tradicional. Paquitequete es el barrio mwaní en la costa de Pemba donde estos días han llegado cientos de barcos trayendo niños y mujeres que huyen de los ataques. Como os decía, son barrios con más de mil años de tradición musulmana. Yo estoy en la misión qué fue la primera capilla cristiana de la ciudad de Pemba, donde llegaron los misioneros de San Luis Grignon de Montfort. Ellos estuvieron 10 años en Mahate, donde yo estoy ahora con otro sacerdote de Brasil. Somos un equipo de sacerdotes y una comunidad de misioneras benedictinas tanzanas. En esta zona la comunidad musulmana alcanza el 95% y los cristianos son una pequeña minoría. El Islam nos tolera en la medida en que llevamos adelante proyectos importantes como la escuela primaria (con más de 2.000 alumnos, de mayoría musulmana por supuesto); también un centro de atención a niños con necesidades especiales; además de la propia tarea pastoral de la parroquia. En esta misión de San Carlos Lwanga de Mahate estamos construyendo ahora la iglesia. Para mí, esto es importante porque es un símbolo, la única iglesia entre siete mezquitas. En 1940, los monfortianos levantaron la misión pero no construyeron la iglesia, al final se fueron al interior, a evangelizar a los makondes, que son los que están ahora siendo especialmente atacados por los terroristas.

Aquí, donde estoy desde hace 8 años, he conseguido asentarme, echar raíces, tener una presencia y establecer también un diálogo, pequeño, pero importante con el islam. Hoy hemos conseguido llevar a cabo algo de trabajo interreligioso. Las familias musulmanas, que son la mayoría, me ven con agrado, pero tampoco se comprometen a más; la relación es de respeto. He ido ganando confianza entre los musulmanes, son familias muy pobres, con muy poca formación. Nuestra escuela primaria de San Carlos Lwanga es una institución en el barrio que integra a todos los niños aunque muchas familias musulmanas siguen prefiriendo las “madrasas”. Nuestra misión de San Carlos Lwanga está rodeada de 7 mezquitas con sus “madrasas” respectivas.

-¿Tiene miedo por el avance del terrorismo, ha pensado en algún momento abandonar la misión?

Para mí, abandonar la misión en este momento aquí en Pemba sería abandonar a mi pueblo, abandonar a mi familia. Yo no soy capaz de irme. Pienso mucho en esa frase de San Óscar Romero cuando dice “Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”. Mi pasión es aquí, en este pueblo de Pemba, quizás será mi muerte, no lo sé, en manos de Dios estamos y puede ser que resucitemos un poquito también en este pueblo.

No me ha pasado en ningún momento por la cabeza la posibilidad de abandonar San Carlos Lwanga, de abandonar una comunidad que ha crecido en estos 8 años, puedo tener ahora cerca de mil cristianos, y van creciendo. Hay mucha movilidad por el mismo problema de los ataques terroristas. Sabemos que la sociedad que nos rodea está radicalizada en parte, estamos en un clima de guerra, en un clima muy complicado, pero en absoluto les abandonaría. Sentiría eso como una enorme traición a mi gente, a mi comunidad, no podría hacerlo. Desde que empezaron los ataques terroristas en 2017, que no han parado, y han provocado esta crisis de refugiados enorme, a muchos de los cuales acogemos entre nosotros, estoy viviendo intensamente mi misión. Dejar la misión sería dejarlos también a ellos, y como dice el Papa Francisco, tenemos que ser un hospital de campaña.

 

Recuperado de: https://www.omp.es/abandonar-la-mision-en-pemba-seria-abandonar-a-mi-familia/


sábado, 21 de noviembre de 2020

El sacerdote misionero Eduardo Roca, amigo y vecino de Estrella, relata experiencias de lo que se vive en la zona

 Una niña y la desgarradora historia de la violencia en Mozambique

Nov 12, 2020

OMPRESS-MOZAMBIQUE (12-11-20) El sacerdote misionero de Zaragoza, Eduardo Roca Oliver, escribe desde Mahate-Pemba con fecha de este martes 10 de noviembre, sobre los ataques que sufren, sobre refugiados y asesinados, sobre el dolor de tantos, y sobre Josefina, una niña mozambiqueña de diez años.

“Josefina tenía diez años, era la hija mayor de Celina, una mujer que huyó de la aldea Mbau, muy cerca de la frontera con Tanzania cuando empezaron los ataques terroristas. Salió después de un ataque, en una madrugada de enero, este año. Huyeron, como hacen todos, a esconderse en los campos, y cuando volvieron encontraron sus casas quemadas, y muertos aquellos que no tuvieron tiempo de escapar o eran demasiado mayores para hacerlo. A uno de sus vecinos, Venancio, que llegó aquí a Pemba por los mismos días con su mujer y su pequeña de dos años, los terroristas le mataron a dos hermanos gemelos, sólo tenían 19 años.

Josefina tenía síndrome de Down, era muy inquieta y no paraba de ir de un lado a otro. Los acogí aquí en la misión de San Carlos Lwanga, en enero de este año, con un grupo de más de doscientas familias, integradas sobre todo por niños y mujeres. Dicen que a los terroristas les interesa matar a los varones, las mujeres sirven y los niños acabaran siendo soldados del califato. Aquí entre nosotros, en Mahate, todo empezó dos días antes de la Navidad del año pasado. Llegaron a la misión 24 miembros de una misma familia, venían también de la misma zona fronteriza. Al principio, todos eran de la etnia makonde, provenientes de las aldeas del interior, mayoritariamente cristianos y católicos, fruto de la primera evangelización de los misioneros de San Luis de Montfort por esta zona norteña de Mozambique. No entendíamos mucho qué estaba sucediendo, pero hacía ya un par de años, desde 2015 al menos, que escuchábamos noticias preocupantes. Se decía que había en los bosques del norte cercanos a Mocimboa da Praia, campos de entrenamiento de jóvenes para la guerra, mientras desaparecían otros de entre los conocidos del barrio, como los muchachos que nos vendían pescado, y no se volvía a saber de ellos. Algunos musulmanes amigos contaron preocupados que a algún familiar le habían ofrecido una beca para ir a estudiar el Corán, como ellos dicen, pero después resultó que nunca más se supo de ellos.

Aquel año de 2015 los seguidores del consejo islámico aquí en la ciudad de Pemba empezaron a radicalizar costumbres de cuantos adherían a su secta, y aquí en nuestros barrios de Mahate y Muxara, sobre todo, las mujeres, las niñas y las jóvenes empezaron a salir de casa cubiertas con el nicab. Rostros de comerciantes extranjeros con sus mujeres así vestidas se prodigaban, eran caras nuevas en los barrios. De las mezquitas llegaban comentarios preocupantes: rezan con botas y con machetes… los vecinos musulmanes, casi todos, no lo vieron con buenos ojos. Fueron unos meses, pero se hicieron sentir entre nosotros. Estaba siendo un cambio muy drástico, en muy poco tiempo, de las costumbres habituales de la vida de las comunidades, y todos nos preocupamos. La prohibición del uso del velo llegó después de que una mujer totalmente cubierta robase un bebé del hospital central. Nadie le dio la debida importancia a todos los rumores que circulaban, pero algunos levantamos la voz. Aquellos días en las redes sociales corrían grabaciones de vídeo de terroristas degollando a personas, bajo cantinelas de la oración musulmana. Muchos, muchos jóvenes, vieron ahí un propósito para sus vidas, demasiado destruidas por la miseria.

Durante esos dos años que siguieron y ya después del comienzo de los ataques en la ciudad de Mocimboa da Praia, en 2017, se especuló sobre el origen de los conflictos, se decía que eran jóvenes delincuentes comunes y se repetía una y otra vez, llegando a convencer a muchos de nosotros. Pero quienes ya estábamos unos años aquí sabíamos todo lo que se había dicho y habíamos visto de lo que eran capaces. Muy recientemente la seguridad antiterrorista internacional ha reconocido que Mozambique recibió líderes de estado islámico que estuvieron entrenando en el norte, durante varios periodos.

Los pueblos makondes cristianos del interior parecían ser los primeros objetivos de los terroristas, así nos llegaban las noticias. En la aldea de Xitaxi, más de cincuenta jóvenes y adultos fueron asesinados por no aceptar unirse a los terroristas. Alguna de las mujeres que escaparon al secuestro cuenta que, entre las víctimas, hubo quien respondió a las amenazas confesando la fe.

Pero poco a poco los ataques se extendieron también por la costa, entre los pueblos mwaní, aquellos que de entre ellos no veían con buenos ojos esta violencia. Fueron la segunda ola de refugiados, ya en los meses de mayo y junio de este año. Aquellos que teniendo cargos en la oración de las mezquitas se negasen a seguir a los terroristas eran ajusticiados ante todo el pueblo, como al parecer ha sido la práctica normal del estado islámico.

Mocimboa es una ciudad costera que ya fue califato islámico antiguamente y el hecho de concentrar los ataques aquí parecer responder a ello. A mediados de octubre barcos de pesca de toda la costa de la provincia empezaron a llegar cargados con niños y mujeres, huyendo nuevamente de unos ataques que ya no parecen tener fin. Las playas de Paquitequete, el barrio mwaní más antiguo de Pemba, siguen llenas de varios millares de personas, enfermas, hambrientas, sin nada… cerca de medio millón de personas han abandonado su tierra y hogar.

Fuimos los primeros en abrir nuestra iglesia y responder a casi un millar en enero de este año. El proyecto mundial de alimentos estaba previendo la crisis y se había preparado, las organizaciones empezaron también a responder, hasta que los canales oficiales del gobierno también empezaron a funcionar. Ahora los campos de refugiados acogen a la mayoría, otros han podido alojarse en casas de familiares, demasiado pobres para poder responder a tanta necesidad. Los ataques han ido extendiéndose hacia el sur llegando incluso a la bahía de Pemba, hasta Quissanga y los alrededores, provocando un éxodo y un drama humanitario terrible. No es posible sostener durante mucho tiempo una crisis de estas dimensiones, no hay recursos ni capacidad, mucho menos en África. En un escenario así empezar a ver víctimas no tarda mucho. Y los niños y los enfermos son los primeros en morir.

La crisis del coronavirus ya estaba dejando una marca de sufrimiento añadido entre nosotros, aunque sus efectos no hayan sido directos ni se hayan hecho sentir aquí, muchas medicinas han escaseado en los centros de salud y tratamientos crónicos se han abandonado, con la consiguiente pérdida de calidad de vida, agravada por las restricciones de circulación y movimiento que han empobrecido mucho más a los pobres… Entre los pobres mantenerse es un desafío constante y conseguir algo para comer en casa cada día no está garantizado.

En toda la zona norte, exceptuando la ciudad de Moeda, que apenas estuvo unas pocas semanas sin presencia religiosa, se han abandonado las misiones. Queda muy poca población en algunos poblados que tiene que huir a esconderse siempre que amenazan los terroristas. Algunos no pueden perder ya nada más y la desesperación se apodera de la mayoría.

Celina encontró un pequeño trabajo limpiando en una casa, hace ya un par de semanas. Hoy cuando volvió encontró a Josefina vomitando en el suelo, la llevó al hospital, pero ya era tarde, los médicos no han podido hacer nada. Hemos ido a buscarla porque su madre no quiere que la niña se quede en el hospital esta noche, mientras lloramos por ella esta noche y aguardamos para enterrarla mañana.

La mamá de Nelson ya vino el viernes pasado, un bebé de cinco meses, a su madre la mataron los terroristas. Ella se trajo a todos los niños que pudo campo a través, y cruzando el río Montepuez la corriente se llevó a una pequeña… Nelson es la imagen de un bebé que no se alimenta desde hace días, y me pregunto cuánto puede resistir un niño tan pequeño… es una de esas imágenes que los medios suelen poner en las hambrunas. Sólo que esta imagen es de hoy, de nuestro presente, el que tenemos que vivir respondiendo… la doctora Joana lo ha ingresado, pero después, me dice: padre, necesitará leche. Cuando no sabe a quién avisar me llama.

San Carlos Lwanga es un hospital de campaña, como dice el Papa. No porque quiera serlo sino porque no tiene otro remedio que serlo. Porque no tiene sentido ser otra cosa. Si la iglesia del viernes santo hace algo, es esperar, mientras venda a los muertos y los sepulta… En la carta a los Tesalonicenses (1, 6) Pablo dice que el Señor ha llamado a su pueblo que acogió su Palabra en medio de muchas tribulaciones. Porque quizás es así que puede responderse a Dios, en medio de las tribulaciones. Quizás no hay nada o muy poco que responder cuando la vida es fácil y cómoda… Y sin embargo dar la espalda al dolor y al sufrimiento también es algo que nos tienta aquí, como si eso nos permitiese creer que es posible vivir de otra manera.

En las playas de Pemba creí sentir la presencia de aquel pueblo que atravesó el mar huyendo de Egipto, y también podía reconocer a los moisés de hoy… que estemos aquí hoy nos da el sentido que nuestra vida esperaba, pero también puede quitárnoslo. Todavía, a veces, me siento apabullado, cuando parecen muchos quienes llaman a la puerta y quisiera dar un portazo. Luego pienso que incluso ahora Dios no nos da más de lo que podemos responder, y no hacerlo es nuestro pecado. Que la trampa del egoísmo está en decirte que tienes que responder a todos, y que es imposible, pero eso no es verdad. Sólo quienes llaman te buscan y nunca son todos. El amor es una red que no somos capaces de medir y que va más allá de todo. Y Dios salva donde menos esperamos, quizás donde nadie lo sabrá nunca… hay muchas cruces abandonadas en este mundo, donde solo los pobres y el silencio de Dios se encuentran. Cuando parecen cerrarse puertas, de repente alguien abre una ventana, y respiramos.

La pequeña Josefina… mientras lloro esas lágrimas que ya no puedo disimular, intento creer en el mañana de Dios, pienso qué puedo hacer para que no haya otro niño que muera… descubro que solo puedo estar aquí, en medio, sin las seguridades ni los miedos que ya se han quedado atrás. A María, la Madre de Dios del Pilar, le pido la fuerza, porque esa robusta columna me tranquiliza, y para los corazones de todos los que tienen el poder de hacer algo, el saber mirar compasivos”.

 

Publicado por Obras Misionales Pontificias (12-11-2020). Recuperado de:

https://www.omp.es/una-nina-y-la-desgarradora-historia-de-la-violencia-en-mozambique/

sábado, 14 de noviembre de 2020

Con los niños del campo de refugiados (7-11-2020)


El pasado sábado 7 de noviembre de 2020 Estrella fue al campo de refugiados invitada por la Asociación “El plato de sopa”. Esta asociación lleva paja a los refugiados para que se entretengan haciendo esteras, sillas, e incluso puedan vender lo que hacen para sacar algo para subsistir. En ese campo hay personas de 11 aldeas diferentes y más de 6.000 niños. 

 


Por la cantidad de niños que había, Estrella llevó unos globos para soltarlos y jugar y entretenerlos. El niño que vemos en la foto tiene más o menos 6 años, tiene Síndrome de Down y no habla. Sorprendentemente su madre no es consciente de la realidad de su hijo, y dados los pocos medios que existen, no es probable que el niño llegue a hablar.


 




domingo, 26 de enero de 2020

Día mundial de la hanseníase-lepra

Muy buenos días.
Hoy celebramos el día mundial de la hanseníase-lepra.
A pesar de ser una de las enfermedades más antigua del mundo sigue viva en nuestra Provincia de Cabo Delgado. Este año 2019 fueron diagnosticados 354 casos nuevos a pesar de que en la parte norte de la provincia no se pudo trabajar por la situación de inseguridad. Aún tenemos 2,3% de prevalencia.
En Mozambique este año fueron diagnosticados 2.218 nuevos casos. Todavía tenemos un largo camino a recorrer de sensibilización y prevención para que esta enfermedad que tiene cura no deje a tanta gente mutilada y sufriendo  tantas penurias.
Ftsmo abrazo.
🙏😘🌹